5. La llegada de Lara (1ª parte)
Siete y media de la mañana del 18 de septiembre de 2006.
Para nosotros es el primer día de nuestra nueva vida... hoy seremos padres!!!.
Por supuesto, también será el primer día de la nueva vida de Lara Ai Ping... pero ella aún no lo sabe.
Un año, un mes y un día después de su nacimiento, Lara nos conocerá. Conocerá a sus padres.
Intento desayunar algo del bufet del hotel, pero los nervios no me dejan. Intranquilo, me tomo un café y salgo a tomar un poco el aire. Pese a lo temprano que es, las aceras de la avenida están ya atestadas de gente. Debe de haber algún colegio cercano, pues se ven muchas madres con niños cargados con sus mochilas y sus libros.

El director del orfanato le hace indicaciones a Rakel para que coja a la niña, pero Mo Li se aferra tanto a ella que no se atreve aún a cogerla en brazos…. Con lo que lo está deseando!!
Les entregamos nuestro regalo y, por fin, tras decirle algo al oído y darle un beso, pone a Lara en los brazos de Rakel y rápidamente desaparecen, de manera que Lara no se de cuenta. No nos dimos cuenta ni nosotros mismos, pues ya sólo teníamos ojos para nuestra hija. Más tarde nos dimos cuenta de que se habían ido tan sigilosa y rápidamente que no nos había dado tiempo de despedirnos y de agradecerles lo que habían hecho por Lara. Mejor así… de otra forma Lara se podría dar cuenta de que se iban sin ella y habría sufrido muchísimo más.
Tras unos instantes, nos llaman para hacernos las fotos para el libro de familia chino. Es la primera fotografía que nos haremos los tres juntos. Lara no quiere ni oír hablar de hacerse fotos, mucho menos delante de tanta gente desconocida para ella… y rompe a llorar. Está rodeada de desconocidos y ha perdido de vista a los que considera su familia.
Al volver a la sala, se tranquiliza. La pongo de pié en el suelo y, de la mano, camina buscando a sus cuidadores. Cada vez que da la vuelta a una mesa y no los ve, rompe a llorar. Tratamos de consolarla, pero sigue buscando. Lara es la que peor se toma los primeros momentos con sus padres. Es la única que llora en la entrega.
Ana nos sorprende por lo bien que está reaccionando. La más morena del grupo es un torbellino de veinte meses que no para de jugar y reírse, mientras Judith, de la misma edad que Lara, parece tomárselo también bastante bien y nos sorprendía lo bien que caminaba, con ese estilazo de modelo.
El autobús nos espera en la calle. Es hora de ir al registro. Durante el corto trayecto en bus, Lara no deja de mirarnos fijamente, muy seria y asustada. A nuestros intentos por hacerla sonreir, tan sólo responde con llantos y “pucheros” y, cuando se calmaba, nos mira muy seriamente como pensando: ¿Quiénes serán este par de narizotas?, ¿a dónde me llevan, y por qué me hablan de forma tan extraña?
A saber lo que le pasaría por la cabeza en esos momentos….
Para nosotros es el primer día de nuestra nueva vida... hoy seremos padres!!!.
Por supuesto, también será el primer día de la nueva vida de Lara Ai Ping... pero ella aún no lo sabe.
Un año, un mes y un día después de su nacimiento, Lara nos conocerá. Conocerá a sus padres.
Intento desayunar algo del bufet del hotel, pero los nervios no me dejan. Intranquilo, me tomo un café y salgo a tomar un poco el aire. Pese a lo temprano que es, las aceras de la avenida están ya atestadas de gente. Debe de haber algún colegio cercano, pues se ven muchas madres con niños cargados con sus mochilas y sus libros.
Me acerco a la marquesina de una parada del autobús que hay frente al hotel. En un momento, me giro y veo entrar al hotel a gente con niñas pequeñas en sus brazos. La última pareja se me queda mirando, y se dicen algo señalándome, como si me hubieran reconocido. En ese momento se me enciende una luz: ¿serán la familia de acogida de Lara? ¿me habrán reconocido por la foto que les enviamos? ¿será esa niña, que no alcanzo a ver su cara, mi hija? No puede ser… nos habían dicho que la entrega sería a las ocho y media y aún no son las ocho. Pero algo me dice que pueden ser ellas. Corro al hotel y entro tras ellos. Al entrar, reconozco a Ana, la hija de Javier y Ana, y la otra niña, que veía de espaldas, me pareció Judith, la niña de Virgi y Seve. A los que parecían haberme reconocido, les había perdido de vista. Rápidamente, corrí al restaurante a buscar a los demás y, tras avisarles, todos corrimos, nerviosos a la recepción.
Ahora sí. No había dudas. En los sofás de la recepción, estaban las familias de acogida de Ana y Lara con nuestras hijas en brazos. Faltaba Judith y eso, pese a la emoción, hizo que por un momento cundiera el nerviosismo y la incertidumbre. Pero fue sólo un instante, imagino que eterno para sus padres, pues Judith llegó a su hora. Simplemente las otras se habían adelantado a la hora prevista.
Nos acercamos a nuestras niñas con una mezcla de temor y explosión de sentimientos por estar viendo a nuestras niñas tan cerca y no poder cogerlas aún.
Mónica nos insiste mucho en que estemos muy tranquilos, o al menos que diéramos la apariencia de estarlo y que intentáramos sonreir lo más posible, para así transmitirles confianza. Tiene razón. Bastante cambio van a sufrir las niñas como para encima transmitirles nuestros nervios.
Les hicimos señas a sus cuidadores de que era nuestra hija y ellos asintieron sonriendo. Mónica nos ayudó a romper el hielo entablando conversación con ellos. Venían con Lara su “madre”, “padre”, “tía” y “abuela” de acogida. Aunque así se nos presentaron, preferimos el término “cuidadores”. Y así los nombramos desde entonces para referirnos a ellos.
Lara viene con un vestido y un pantalón amarillos y camisa blanca con topitos. Tiene en sus manos el caracol de peluche que le enviamos por correo y tiene el pelo muy largo, quizás por ello la confundí al verla de lejos, con Judith. Por eso, por los nervios y, porque se te mete tanto en la cabeza la imagen de la fotografía que tienes de tu hija que cualquier cambio hace que no parezca ella en un primer instante. Pero es ella, es Lara. No cabe duda. Su carita y su sonrisa la delatan. Me acerco a ella mientras Rakel lo graba todo en video y le doy un muñeco musical en forma de gusanito de colores que recoge con entusiasmo y curiosidad. Nos regala una de sus sonrisas y nos hace derretir…
Llega el director del orfanato y subimos todos a la séptima planta, donde se hará la entrega de las niñas. Es una sala de reuniones y cada familia se sienta junto a los cuidadores de sus hijas.
En un principio nos habíamos imaginado la entrega de otra manera y habíamos hablado que unas familias nos grabaríamos a las otras, pero la entrega era todos a la vez, así que uno debía grabar mientras el otro hablaba con los cuidadores. Como nosotros no queríamos perdernos detalle, decidimos poner la cámara sobre la mesa grabando.
En ese momento entran Seve, Virgi y Judith con la familia de acogida de ésta y todos respiramos aliviados. Ya estamos todos.
La cuidadora de Lara, hace tiempo ya que no para de llorar. Son momentos muy emocionantes para nosotros y muy duros para ellos. Han criado a Lara desde que tenía un mes de vida y ahora, pese a que se alegran de que haya encontrado a unos padres, sufren la pérdida de “su” niña. Su marido también estaba muy afectado, se le veía muy nervioso y hubo un momento muy entrañable, en el que se abrazó a Lara diciéndole algo al oído, como despidiéndose. La verdad es que son momentos muy, muy duros. Momentos que llevas deseando desde hace tanto tiempo. Momentos que imaginas de gran emoción y alegría. En realidad son momentos de sentimientos encontrados. Por un lado sientes una inmensa felicidad por estar, por fin, junto a tu hija… y por otro, te ronda una sensación de culpa por lo mal que lo está pasando ésta gente.
Su cuidadora, Mo Li , nos entrega un pequeño álbum con fotos desde que era pequeñita, un cd con más fotos de Lara con su familia de acogida, su dirección para que les enviemos fotos más adelante y la cámara desechable que les enviamos, así como el listado de preguntas, que también les habíamos incluido en el paquete, totalmente contestado. Como nos lo había contestado en chino (lógicamente), Natalia le volvió a preguntar todo el formulario para traducírnoslo.
Ahora sí. No había dudas. En los sofás de la recepción, estaban las familias de acogida de Ana y Lara con nuestras hijas en brazos. Faltaba Judith y eso, pese a la emoción, hizo que por un momento cundiera el nerviosismo y la incertidumbre. Pero fue sólo un instante, imagino que eterno para sus padres, pues Judith llegó a su hora. Simplemente las otras se habían adelantado a la hora prevista.
Nos acercamos a nuestras niñas con una mezcla de temor y explosión de sentimientos por estar viendo a nuestras niñas tan cerca y no poder cogerlas aún.
Mónica nos insiste mucho en que estemos muy tranquilos, o al menos que diéramos la apariencia de estarlo y que intentáramos sonreir lo más posible, para así transmitirles confianza. Tiene razón. Bastante cambio van a sufrir las niñas como para encima transmitirles nuestros nervios.
Les hicimos señas a sus cuidadores de que era nuestra hija y ellos asintieron sonriendo. Mónica nos ayudó a romper el hielo entablando conversación con ellos. Venían con Lara su “madre”, “padre”, “tía” y “abuela” de acogida. Aunque así se nos presentaron, preferimos el término “cuidadores”. Y así los nombramos desde entonces para referirnos a ellos.
Lara viene con un vestido y un pantalón amarillos y camisa blanca con topitos. Tiene en sus manos el caracol de peluche que le enviamos por correo y tiene el pelo muy largo, quizás por ello la confundí al verla de lejos, con Judith. Por eso, por los nervios y, porque se te mete tanto en la cabeza la imagen de la fotografía que tienes de tu hija que cualquier cambio hace que no parezca ella en un primer instante. Pero es ella, es Lara. No cabe duda. Su carita y su sonrisa la delatan. Me acerco a ella mientras Rakel lo graba todo en video y le doy un muñeco musical en forma de gusanito de colores que recoge con entusiasmo y curiosidad. Nos regala una de sus sonrisas y nos hace derretir…
Llega el director del orfanato y subimos todos a la séptima planta, donde se hará la entrega de las niñas. Es una sala de reuniones y cada familia se sienta junto a los cuidadores de sus hijas.
En un principio nos habíamos imaginado la entrega de otra manera y habíamos hablado que unas familias nos grabaríamos a las otras, pero la entrega era todos a la vez, así que uno debía grabar mientras el otro hablaba con los cuidadores. Como nosotros no queríamos perdernos detalle, decidimos poner la cámara sobre la mesa grabando.
En ese momento entran Seve, Virgi y Judith con la familia de acogida de ésta y todos respiramos aliviados. Ya estamos todos.
La cuidadora de Lara, hace tiempo ya que no para de llorar. Son momentos muy emocionantes para nosotros y muy duros para ellos. Han criado a Lara desde que tenía un mes de vida y ahora, pese a que se alegran de que haya encontrado a unos padres, sufren la pérdida de “su” niña. Su marido también estaba muy afectado, se le veía muy nervioso y hubo un momento muy entrañable, en el que se abrazó a Lara diciéndole algo al oído, como despidiéndose. La verdad es que son momentos muy, muy duros. Momentos que llevas deseando desde hace tanto tiempo. Momentos que imaginas de gran emoción y alegría. En realidad son momentos de sentimientos encontrados. Por un lado sientes una inmensa felicidad por estar, por fin, junto a tu hija… y por otro, te ronda una sensación de culpa por lo mal que lo está pasando ésta gente.
Su cuidadora, Mo Li , nos entrega un pequeño álbum con fotos desde que era pequeñita, un cd con más fotos de Lara con su familia de acogida, su dirección para que les enviemos fotos más adelante y la cámara desechable que les enviamos, así como el listado de preguntas, que también les habíamos incluido en el paquete, totalmente contestado. Como nos lo había contestado en chino (lógicamente), Natalia le volvió a preguntar todo el formulario para traducírnoslo.
Lara estaba muy tranquila y sonriente.

El director del orfanato le hace indicaciones a Rakel para que coja a la niña, pero Mo Li se aferra tanto a ella que no se atreve aún a cogerla en brazos…. Con lo que lo está deseando!!
Les entregamos nuestro regalo y, por fin, tras decirle algo al oído y darle un beso, pone a Lara en los brazos de Rakel y rápidamente desaparecen, de manera que Lara no se de cuenta. No nos dimos cuenta ni nosotros mismos, pues ya sólo teníamos ojos para nuestra hija. Más tarde nos dimos cuenta de que se habían ido tan sigilosa y rápidamente que no nos había dado tiempo de despedirnos y de agradecerles lo que habían hecho por Lara. Mejor así… de otra forma Lara se podría dar cuenta de que se iban sin ella y habría sufrido muchísimo más.
Tras unos instantes, nos llaman para hacernos las fotos para el libro de familia chino. Es la primera fotografía que nos haremos los tres juntos. Lara no quiere ni oír hablar de hacerse fotos, mucho menos delante de tanta gente desconocida para ella… y rompe a llorar. Está rodeada de desconocidos y ha perdido de vista a los que considera su familia.
Al volver a la sala, se tranquiliza. La pongo de pié en el suelo y, de la mano, camina buscando a sus cuidadores. Cada vez que da la vuelta a una mesa y no los ve, rompe a llorar. Tratamos de consolarla, pero sigue buscando. Lara es la que peor se toma los primeros momentos con sus padres. Es la única que llora en la entrega.
Ana nos sorprende por lo bien que está reaccionando. La más morena del grupo es un torbellino de veinte meses que no para de jugar y reírse, mientras Judith, de la misma edad que Lara, parece tomárselo también bastante bien y nos sorprendía lo bien que caminaba, con ese estilazo de modelo.
El autobús nos espera en la calle. Es hora de ir al registro. Durante el corto trayecto en bus, Lara no deja de mirarnos fijamente, muy seria y asustada. A nuestros intentos por hacerla sonreir, tan sólo responde con llantos y “pucheros” y, cuando se calmaba, nos mira muy seriamente como pensando: ¿Quiénes serán este par de narizotas?, ¿a dónde me llevan, y por qué me hablan de forma tan extraña?
A saber lo que le pasaría por la cabeza en esos momentos….

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